martes, 3 de noviembre de 2009

Crítica de Martín Wullich

MÍSIL CHILDREN, Candorosas visiones
Una introspección al mundo de los niños, con temores y juegos que no son tan pueriles.

Las chicas del título tienen momentos muy adultos, juegan en el mundo de los adultos, con elementos de adultos, pero no dejan de ser chicas, las que tienen miedo a muchas cosas -a la soledad, a equivocarse, a la muerte, a lo que vendrá-, las que son ocurrentes y auténticas, las que corresponden al universo que las rodea, que las deja sin habla, que las enceguece, que las sofoca. En sus juegos hay de todo, referencias a cuanta cosa emana de su puerilidad, con sorprendentes reflexiones, idas y vueltas. Juegan a que no duermen y duermen. Juegan también a despertar de sueños increíbles. Quieren que la noche pase de una vez, quieren que la cabeza deje de llevarlas por desconocidos meandros. Juegan a filmarse y crear una historia. Hay también amor, mucho amor, mucha complicidad y vidas compartidas. Eso es lo subyugante del texto de Mariana Levy, que mezcla el humor y la sugerente introspección, cuyos momentos podrían ir en el orden en que son presentados o al revés, a manera de sketches temáticos unidos por el común denominador de la pérdida, en este misil que juega con la palabra missing, y une a estas tres apabullantes hermanas. Hasta el final, en una carpa que buscan como refugio del mundo, las fantasías de todo ser humano están omnipresentes.

La lograda escenografía pergeñada por Cecilia Zuvialde y realizada por Joel Drut para la habitación en donde todo sucede, sirve para mutar convenientemente y hasta convertir una simple cama, o una lámpara, en elementos necesarios para sus lúdicos diálogos. También la sutil iluminación ideada por Carolina Sosa, a veces manejada por las actrices, marca situaciones de toda índole. Y la música, muy bien elegida, termina de completar un atractivo conjunto en el que se lucen parejamente las tres actrices. Salomé Boustani -llevando a cuestas su personaje que no puede dormir-, Julieta Halac -personificando a quien tiene miedo de tantos miedos-, y Luciana Dulitzky -quien otorga los beneficios de la duda a quien tantas dudas tiene-, bien dirigidas por la autora y creando con libertad a las niñas en cuestión, nos sumergen en un mundo que nos reencuentra con muchas ideas, temores, alegrías y fantasías de un pasado que subyace en todo adulto y quien sabe si es tan lejano.

Martin Wullich

0 comentarios: